Escaleras.
Era un caluroso día de verano, en los que las gotas de agua se secan tan rápido que no puedes verlas, sólo sentirlas momentáneamente.

Bajaba por las escaleras sujetándome a la barandilla. El mareo era absoluto, demasiados factores peligrosamente entremezclados con el único propósito de hacerme caer:
El sofocante calor, la inevitable deshidratación, los anteriores rodillos calientes trazando sin cesar una línea recta de mis caderas a mi cráneo de forma repetitiva...
Aun así, de la nada, se obtenía aún respuesta de mis deseosos movimientos de descender de las alturas y volver al nivel usual y diario.
Y entonces, acercándome al final del trayecto, levanto un instante la vista del suelo para observar sin ver el panorama.
Mis ojos se quedan petrificados, las rodillas comienzan a temblar y caigo de bruces entre los escalones. Un giro de cabeza permite que únicamente me salpique con un líquido viscoso y blanquecino emitido con violencia lo más acercado a la pared. Mi cara comienza a brillar con pequeños destellos plateados creados de la nada, mientras una negación confirma a la locura.
- "Lo siento." Graznó con apenas un hilo de voz.
La realidad a menudo supera a la ficción, y por ello revivió el sueño de una sorpresa, una cara tan conocida como si los propios dedos la hubiesen realizado, que se aparecía en ese instante de frente, expectante, con un brillo y gesto únicos, fabricados solo para ella...
Los cuentos y las fantasías solo ayudan a alargar una esperanza agonizante.
P.D.: Autor de la imagen: Demonike
Obtenida de la página: www.stockphotos.mx

Mi Sol dijo
lo ultimo que dijiste fue censato pero mientras tengamos esperanzas seguiremos fantasiando, besos
12 Agosto 2011 | 08:03 PM